Preludio

Preludio

No dedicaré este espacio a describir o criticar los variopintos acontecimientos culturales a los que suelo asisitir; ya hay quien hace eso en diversos lugares.

Yo trataré sobre un elemento ineludible: el vulgo que "asiste"; elemento sine qua non, y no por imprescindible, todo lo contrario -para algunos pocos-, sino porque no hay nada que hacer con la masa amorfa que todo lo obstruye.

Las reflexiones aquí desarrolladas tienen el doble propósito de comprender al otro (sea quien sea, a pesar de la indiscreción) y de sublimar mis enojos. Vale.

lunes, 21 de mayo de 2012

8. Rossini Cards 5


El sábado 19 de mayo a las 19:00 presencié un espectáculo hermoso de danza contemporánea en la Sala Miguel Covarrubias del C.C.U. Se trató de Les Ballets Jazz de Montréal que montó tres coreografías: Zero in on de Cayetano Soto, Zip Zap Zoom de Anabelle López Ochoa y Rossini Cards de Mauro Bigonzetti.
            El tercero fue encantador por muchos motivos, la primera: la expectación, pues era la única coreografía que yo ya había visto (justamente el video que se encuentra abajo). El montaje del sábado cambió a las dos mujeres por dos hombres, y fue igualmente conmovedor. Los dos primeros números fueron divertidos y sirvieron para comprobar que todo el cuerpo de bailarines es extraordinario, pero no fue más que eso.
            Menciono ahora que a las 19:20 la administración del recinto decidió sumarse a las hordas de bárbaros que de una u otra manera contribuyen a sabotear el espectáculo. Si la obra ya comenzó, ya comenzó, y ni las luces deben encenderse ni las puertas deben abrirse para atender los caprichos de los connacionales que llegan tarde. Le pese y duela a quien fuere. Si ocurre lo contrario, como ha estado pasando los últimos años, el impuntual no entiende que su tardanza tiene consecuencias, así que no aprende y sigue llegando tarde. A las 19:20 el ritmo fue quebrado y cualquier conmoción se desvaneció. Afortunadamente, Rossini Cards ara el último número.
            No puedo decir nada más, los invito a contemplar esta hermosísima pieza. Se trata de Rossini Cards [número 5]:


            

viernes, 11 de mayo de 2012

7. Danzar, danzar


“Dance, dance, otherwise we are dead.”

Hoy no hay quejas. El miércoles 9 de mayo disfruté la versión 3D de Pina (2011), homenaje de Wim Wenders a la coreógrafa Pina Bausch. Debo decir, porque el contraste es importante, que la gente llega tarde. Todavía no nos acostumbramos a los lugares numerados, que, aunque es una idea genial, ahora me parece que la gente llega desproporcionadamente tarde a buscar sus lugares. Mención aparte los imbéciles que a sabiendas de que están numerados se sientan en donde les da la gana, “a ver si no llega nadie a correrlos”.
            Pero bueno, lo importante es que todo eso no importa al ver una película tan hermosa como Pina. La primera coreografía que vemos es totalmente absorbente. Se trata de Le sacré du Printemps, orquestada por Igor Stravinsky en 1913. La primera puesta en escena estuvo a cargo de Vaslav Nijinsky, y a la fecha nos parece muy “moderno”. Desde un primer momento ha de haber sorprendido, tanto a los bailarines como al público, la carencia de ritmo en la música, tal y como lo entendemos cuando se trata de música para bailar: un ritmo que permita contar los tiempos y marcarlos. La coreografía de Pina es brutal, plena de energía y muy violenta. Es increíble que la danza pueda generar tanta tensión sin decir una sola palabra, pero expresando muchísimo. En algunos momentos vemos a todo el cuerpo de bailarines siguiendo el ritmo contrabajístico, cuando lo hay, y es verdaderamente escalofriante. Pasamos del silencio o del pianissimo al fortissimo en segundos, al igual que de movimientos lentos a unos rápidos y violentos y de la presencia de uno o dos bailarines sobre un escenario cubierto de tierra a todo el espacio ocupado por ellos.



            Esta película tiene un arma de dos filos. Por una parte es refrescante ver muchas coreografías, a muchos bailarines de todo el mundo hablando sus lenguas maternas, escuchar música muy variada, ver locaciones de todo tipo: urbanas, teatrales, campestres, públicas. Pero por otro, no da tiempo de compenetrarse con ninguna pieza: cuando comienza uno a estar verdaderamente conmovido hay una abrupta ruptura a otra cosa completamente diferente.

            A pesar de los asegunes y apesares de la danza contemporánea, yo quedé fascinado por una experiencia tan personal. Cada día pienso que es más válido pensar en nuevas formas de recepción artística gracias a la tecnología. Tanto las transmisiones en vivo de la ópera desde el MET hasta esta película, es completamente nuevo poder ver las extraordinarias expresiones y gestos de los artistas, que de otro modo (en vivo, no importa qué tan cerca se esté del escenario) es imposible. Me sorprendí a cada instante con experimentos inesperados y quedé conmovido por esta gente maravillosa que utiliza sólo su cuerpo como obra de arte.