“Dance,
dance, otherwise we are dead.”
Hoy no hay quejas. El miércoles 9 de mayo disfruté la
versión 3D de Pina (2011), homenaje de
Wim Wenders a la coreógrafa Pina Bausch. Debo decir, porque el contraste es
importante, que la gente llega tarde. Todavía no nos acostumbramos a los
lugares numerados, que, aunque es una idea genial, ahora me parece que la gente
llega desproporcionadamente tarde a buscar sus lugares. Mención aparte los
imbéciles que a sabiendas de que están numerados se sientan en donde les da la
gana, “a ver si no llega nadie a correrlos”.
Pero bueno,
lo importante es que todo eso no importa al ver una película tan hermosa como Pina. La primera coreografía que vemos
es totalmente absorbente. Se trata de Le
sacré du Printemps, orquestada por Igor Stravinsky en 1913. La primera
puesta en escena estuvo a cargo de Vaslav Nijinsky, y a la fecha nos parece muy
“moderno”. Desde un primer momento ha de haber sorprendido, tanto a los
bailarines como al público, la carencia de ritmo en la música, tal y como lo
entendemos cuando se trata de música para bailar: un ritmo que permita contar
los tiempos y marcarlos. La coreografía de Pina es brutal, plena de energía y
muy violenta. Es increíble que la danza pueda generar tanta tensión sin decir
una sola palabra, pero expresando muchísimo. En algunos momentos vemos a todo
el cuerpo de bailarines siguiendo el ritmo contrabajístico, cuando lo hay, y es
verdaderamente escalofriante. Pasamos del silencio o del pianissimo al fortissimo
en segundos, al igual que de movimientos lentos a unos rápidos y violentos y de
la presencia de uno o dos bailarines sobre un escenario cubierto de tierra a
todo el espacio ocupado por ellos.
Esta película tiene un arma
de dos filos. Por una parte es refrescante ver muchas coreografías, a muchos
bailarines de todo el mundo hablando sus lenguas maternas, escuchar música muy
variada, ver locaciones de todo tipo: urbanas, teatrales, campestres, públicas.
Pero por otro, no da tiempo de compenetrarse con ninguna pieza: cuando comienza
uno a estar verdaderamente conmovido hay una abrupta ruptura a otra cosa
completamente diferente.
A pesar de
los asegunes y apesares de la danza contemporánea, yo quedé fascinado por una
experiencia tan personal. Cada día pienso que es más válido pensar en nuevas
formas de recepción artística gracias a la tecnología. Tanto las transmisiones
en vivo de la ópera desde el MET hasta esta película, es completamente nuevo
poder ver las extraordinarias expresiones y gestos de los artistas, que de otro
modo (en vivo, no importa qué tan cerca se esté del escenario) es imposible. Me
sorprendí a cada instante con experimentos inesperados y quedé conmovido por
esta gente maravillosa que utiliza sólo su cuerpo como obra de arte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario