Preludio

Preludio

No dedicaré este espacio a describir o criticar los variopintos acontecimientos culturales a los que suelo asisitir; ya hay quien hace eso en diversos lugares.

Yo trataré sobre un elemento ineludible: el vulgo que "asiste"; elemento sine qua non, y no por imprescindible, todo lo contrario -para algunos pocos-, sino porque no hay nada que hacer con la masa amorfa que todo lo obstruye.

Las reflexiones aquí desarrolladas tienen el doble propósito de comprender al otro (sea quien sea, a pesar de la indiscreción) y de sublimar mis enojos. Vale.

domingo, 24 de septiembre de 2017

11. Y retiemble en sus centros la tierra...

Si bien todos estamos de acuerdo en que la solidaridad de los días recientes es extraordinaria, no puede aceptarse sin más que sólo eso basta para que este simulacro de país en que vivimos funcione. 
Que nadie se engañe: hay que ayudar, pero hay que ayudar siempre, todos los días, ese es el reto; no sólo en las emergencias. 
    Y valga decir que de nada sirve ayudar si la ayuda, políticamente, está hueca (políticamente entendido en su sentido más lato). Si salimos a "ayudar" pero somos machistas, de nada sirve la ayuda, porque el día de mañana alguien que no murió a causa del temblor es víctima de un feminicidio. Si salimos a "ayudar" pero somos narcisistas, de nada sirve, porque en lugar de ayudar, estorbas. La ayuda sin conciencia es un gesto que se agradece pero que al cabo nos deja igual. Porque los cadáveres se entierran, los escombros se recogen, los edificios se reconstruyen, y la vida sigue, entre individuos de una sociedad que no respetan, que insultan, que ofenden, que no piensan. 
    Ciertamente el iluso soy yo, dentro de una sociedad, no sólo la mexicana, que sólo cree en el autoreconocimiento y que quiere ser la estrella de su propia vida, cuando menos a través de redes sociales. ¿Qué mérito tiene corear un "goya" después de insultar y menospreciar a las mujeres que cargan en el centro de acopio del estadio olímpico? Alguien dirá que no es grave, que así somos los mexicanos, dicharacheros y ayudadores. Yo creo que es muy grave y quien no hile que del dicho al hecho hay poco trecho es el que no entiende la violencia generalizada en el país, la objetivación de la mujer, los robos a mano armada una hora después del sismo. Porque cuando decimos "no pasa nada", está pasando todo.

    Qué bueno que muchos queramos ayudar y lo estemos haciendo de distintas maneras; ojalá que ese ímpetu fuera perenne y consciente. 

El que tenga oídos, que oiga. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

10. De tortillas y música barroca


Me gusta separar las tortillas. Es casi increíble que en 2012 (hasta suena raro decirlo así, no es como decir 1980) aún haya que hacer esta antiquísima actividad para que no se peguen. Una por una y con cuidado, las tomo tibias con las yemas de mis dedos y poco a poco se quiebra su fraternal comunión. Sólo así se redescubre que las tortillas tienen haz y envés; un lado cóncavo y otro convexo, aunque prácticamente no se note. Su dulce olor a masa cocida se corresponde exactamente con su tierna textura. Separar tortillas no es un “arte”, pero debe hacerse con cuidado, vigilando la respiración para que el haz de una no se rompa al quedarse adherido al envés de la siguiente. Siempre que se haga con la calma suficiente, permite que uno se despegue del mundo y sólo piense en la delicada piel amarillenta de un taco de aguacate.

            Para quien no tiene el honor, aprovecho para presentarle al contratenor Philippe Jaroussky, junto con Christina Pluhar, directora del conjunto L’Arpeggiata. Va una pieza hermosa anónima del siglo XVII (tomada de un libro anónimo milanés de 1657), en italiano, conocida como: “Ciaccona di Paradiso, e dell’inferno”. La voz de los contratenores es muy especial, para mi gusto es la más delicada, pues si no es perfecta, por la falta de costumbre, rápidamente molesta. Sin embargo, el buen Philippe tiene la maravillosa capacidad de conmover plenamente, con un fino sentido del humor. Por otro lado, l conjunto L’Arpeggiata se dedica a realizar interpretaciones históricas, y qué interpretaciones, son hermosísimas y profundamente conmovedoras. Transcribo aquí la letra para el curioso escucha-lector. ¡Buen provecho!




“Ciaccona di Paradiso e dell’inferno”

O che bel stare è stare in Paradiso
Dove si vive sempre in fest’e riso
Vedendosi di Dio svelato il viso
O che bel stare è star in Paradiso.

Ohimè che orribil star qui nell’inferno
Ove si vive in pianto e foco eterno
Senza veder mai Dio in sempiterno
Ahi, ahi, che orribil star giù nell’inferno.

Là non vi regna giel, vento, calore,
Che il tempo è temperato a tutte l’hore
Pioggia non v’è, tempesta, nè baleno,
Che il Ciel là sempre si vede sereno.

Il fuoco e ‘l ghiaccio là, o che stupore
Le brine, le tempeste, e il sommo ardore
Stanno in un loco tute l’intemperie
Si radunan laggiù, o che miserie.

Havrai insomma là quanto vorrai
E quanto non vorrai non haverai
E questo è quanto, o Musa, posso dire
Però fa pausa il canto e fin l’ardire.

Quel ch’aborrisce qua, là tutto havrai
Quel te diletta e piace mai havrai
E pieno d’ogni male tu sarai
Dispera tu d’uscirne mai, mai, mai!

O che bel stare è star in Paradiso
Dove si vive sempr’in fest’e riso
Vedendosi di Dio svelato il viso
O che bel stare é stare in Paradiso.


viernes, 31 de agosto de 2012

Mi mundo al revés

¿Acaso algo más significativo del mundo en que vivimos (ignoro si tiene que ver con la modernidad) que compañías como "Biomédica de referencia" me envíe un correo electrónico felicitándome por mi cumpleaños? Ni ayer ni hoy por la mañana recordé que debía ser celebrado. El tema da para un largo ensayo, yo estoy en contra de su celebración, me trae más angustias que otra cosa. Sin embargo ése, es problema mío. 

La mitad de mis festejos los pasé en una oficina del SAT, en donde el empleado fue muy amable. El mismo pelmazo que hace un mes fue muy grosero. Yo se lo atribuyo a cambios hormonales y a que hoy se me proporcionó una encuesta para evaluar el servicio. Encuesta que no entregué, ya que el día de hoy fue una excepción. He intentando realizar el mismo trámite cuatro veces, y aún no lo puedo dar por concluído. 

El resto de mi mañana pasó en un banco, tratando de solucionar parte del problema del SAT. Lo extrañísimo es que la última vez que hice eso en un banco, un cajero impertérrito me dijo, lleno de seguridad y confianza, que lo que yo le pedía era imposible. Y hoy, una amable jovencita, luego de rebuscar en su computadora y hacer como que me hablaba logró, sin ningún problema, resolverme, por ahora, la vida. 

Mañana voy a una boda al centro, ojalá Lópéz haga su marcha, así tendré más razones para quejarme. 

lunes, 21 de mayo de 2012

8. Rossini Cards 5


El sábado 19 de mayo a las 19:00 presencié un espectáculo hermoso de danza contemporánea en la Sala Miguel Covarrubias del C.C.U. Se trató de Les Ballets Jazz de Montréal que montó tres coreografías: Zero in on de Cayetano Soto, Zip Zap Zoom de Anabelle López Ochoa y Rossini Cards de Mauro Bigonzetti.
            El tercero fue encantador por muchos motivos, la primera: la expectación, pues era la única coreografía que yo ya había visto (justamente el video que se encuentra abajo). El montaje del sábado cambió a las dos mujeres por dos hombres, y fue igualmente conmovedor. Los dos primeros números fueron divertidos y sirvieron para comprobar que todo el cuerpo de bailarines es extraordinario, pero no fue más que eso.
            Menciono ahora que a las 19:20 la administración del recinto decidió sumarse a las hordas de bárbaros que de una u otra manera contribuyen a sabotear el espectáculo. Si la obra ya comenzó, ya comenzó, y ni las luces deben encenderse ni las puertas deben abrirse para atender los caprichos de los connacionales que llegan tarde. Le pese y duela a quien fuere. Si ocurre lo contrario, como ha estado pasando los últimos años, el impuntual no entiende que su tardanza tiene consecuencias, así que no aprende y sigue llegando tarde. A las 19:20 el ritmo fue quebrado y cualquier conmoción se desvaneció. Afortunadamente, Rossini Cards ara el último número.
            No puedo decir nada más, los invito a contemplar esta hermosísima pieza. Se trata de Rossini Cards [número 5]:


            

viernes, 11 de mayo de 2012

7. Danzar, danzar


“Dance, dance, otherwise we are dead.”

Hoy no hay quejas. El miércoles 9 de mayo disfruté la versión 3D de Pina (2011), homenaje de Wim Wenders a la coreógrafa Pina Bausch. Debo decir, porque el contraste es importante, que la gente llega tarde. Todavía no nos acostumbramos a los lugares numerados, que, aunque es una idea genial, ahora me parece que la gente llega desproporcionadamente tarde a buscar sus lugares. Mención aparte los imbéciles que a sabiendas de que están numerados se sientan en donde les da la gana, “a ver si no llega nadie a correrlos”.
            Pero bueno, lo importante es que todo eso no importa al ver una película tan hermosa como Pina. La primera coreografía que vemos es totalmente absorbente. Se trata de Le sacré du Printemps, orquestada por Igor Stravinsky en 1913. La primera puesta en escena estuvo a cargo de Vaslav Nijinsky, y a la fecha nos parece muy “moderno”. Desde un primer momento ha de haber sorprendido, tanto a los bailarines como al público, la carencia de ritmo en la música, tal y como lo entendemos cuando se trata de música para bailar: un ritmo que permita contar los tiempos y marcarlos. La coreografía de Pina es brutal, plena de energía y muy violenta. Es increíble que la danza pueda generar tanta tensión sin decir una sola palabra, pero expresando muchísimo. En algunos momentos vemos a todo el cuerpo de bailarines siguiendo el ritmo contrabajístico, cuando lo hay, y es verdaderamente escalofriante. Pasamos del silencio o del pianissimo al fortissimo en segundos, al igual que de movimientos lentos a unos rápidos y violentos y de la presencia de uno o dos bailarines sobre un escenario cubierto de tierra a todo el espacio ocupado por ellos.



            Esta película tiene un arma de dos filos. Por una parte es refrescante ver muchas coreografías, a muchos bailarines de todo el mundo hablando sus lenguas maternas, escuchar música muy variada, ver locaciones de todo tipo: urbanas, teatrales, campestres, públicas. Pero por otro, no da tiempo de compenetrarse con ninguna pieza: cuando comienza uno a estar verdaderamente conmovido hay una abrupta ruptura a otra cosa completamente diferente.

            A pesar de los asegunes y apesares de la danza contemporánea, yo quedé fascinado por una experiencia tan personal. Cada día pienso que es más válido pensar en nuevas formas de recepción artística gracias a la tecnología. Tanto las transmisiones en vivo de la ópera desde el MET hasta esta película, es completamente nuevo poder ver las extraordinarias expresiones y gestos de los artistas, que de otro modo (en vivo, no importa qué tan cerca se esté del escenario) es imposible. Me sorprendí a cada instante con experimentos inesperados y quedé conmovido por esta gente maravillosa que utiliza sólo su cuerpo como obra de arte. 

domingo, 22 de abril de 2012

6. Siendo positivos...

...¡que no le digan, que no le cuenten!
Asista a cualquier sala de espectáculos en México para, en caso de ser decente, llevarse un firme disgusto. En esta ocasión, se lleva las palmas -que palmatoria debiera ser- la Fonoteca Nacional, el día 20 de abril a las 1900 para el espectáculo de música barroca para violoncello, clavecín y guitarra. No sólo atiborran un pequeño salón con más de 100 sillas, sino que dejan a los "amantes de la musica" permanecer de pie porque ya no alcanzaron lugar (pues llegaron tarde). También pueden sentarse en el piso, entrar aunque el concierto ya hubiera comenzado (aunque comenzó tarde), platicar, escribir en su blackberry, contestar su celular. De libertad no carecemos en este país, tenemos sobrada. Usted puede hacer lo que quiera, le aseguro que se saldrá con la suya. Carecemos de consciencia y de responsabilidad. Por demas está decir que la interpretación fue pésima. Dicen que lo barato sale caro: Ustedes calculen, fue gratuito.

Ahora sí, lo positivo. No todo es terrible y yo no soy neoestoico, cada cosa por separado. La CNT monta gratuitamente obras en la casa que posee sobre la calle Francisco Sosa. En esta ocasión La prueba de las promesas del singular Juan Ruiz de Alarcón, el sábado 21 de abril, también a las 1900 fue motivo de mi asistencia. Pero qué diferencia: Este autor forma parte del pequeño grupo de autores que escribe poco, pero extraordinariamente, con inteligencia y sentido del humor. Fuera de una mala actriz que inexplicablemente formaba parte del reparto (parecía no saber sus líneas, hablaba tan fuera de ritmo que contrastaba con los demás actores) y un final terrible la puesta en escena se llevó las palmas.  Terrible final porque, Carlos Corona, director y adaptador, decidió (supongo que fue él) añadir cinco minutos de obra en la que ofende al público con su particular interpretación de lo que es el teatro con pastiches de ideas de Lope y Shakespeare, y que no escribió Juan Ruiz en La prueba de las promesas. Ese final desmorona la obra y el sentido que su autor les dio, va un ejemplo. Suponga que compra la edición de Muerte sin fin editada por este señor, al final encontraría:
[BAILE]

Desde mis ojos insomnes
mi muerte me está acechando,
me acecha, sí, me enamora
con su ojo lánguido.
¡Anda putilla del rubor helado,
anda, vámonos al diablo!
La poesía, por cierto,
¡ah, que arte elevado!
La poesía dice la verdad,
pero, ¿qué es la verdad?
Lo que yace entre líneas,
lo no dicho entre lo dicho.

Y después de este chorizo colado usted debe aplaudir con gusto. Sólo la estulticia mete mano en donde no hace falta, y sólo un bruto mayor permite este tipo de desmanes en la puesta en escena. Un cambio en la forma, añadir una escena más, por supuesto que cambia el significado. Por lo demás, albricias a los actores y a los músicos.

viernes, 13 de enero de 2012

5. De altoparlantes bibliotecológicos o de cómo deberíamos tener párpados en las orejas, ¡ah de la selección natural que se olvidó de la audición selectiva!

"Quien quiera mula sin tacha, ándese a pie" 

Desgraciadamente, lo común es el ruido. No vaya a pensarse que odio la vida citadina, lo que odio es la estupidez. La vida urbana cada vez se caracteriza más por la incompetencia de sus integrantes, que no logramos convivir en paz. A mí en general me molesta la gente que no sabe estar callada y consigo misma. Quisiera decir que los compadezco, pero no. No los tolero, si no pueden soportarse a sí mismos, ¿por qué nos hacen padecer a los demás?

    En las bibliotecas de la Universidad, por ejemplo, lo común es que casi cualquiera, si se encuentra con cualquier amigo, trastorne su percepción hasta hacer invisibles a los demás y aparentar que está en una especie de terraza. Y si se está en una terraza se puede platicar (en una mesa para cuatro, me parece, es muy evidente que lo que sea dicho será escuchado, al menos, por los integrantes de la mesa. Así, cuando un par tiene una conversación, uno se entera rápidamente de íntimos detalles que se mezclan con aquello que uno quería leer. Sin embargo vale la pena tolerar unos minutos, pues luego toda la nueva información sirve para intimidar a los platicantes y forzarlos a irse a charlar a otro lado), comer y aprovechar esa nueva tecnología (ignoro a qué malhadado engendro se le ocurrió ponerle bocinas y música al teléfono celular) que hace que todos podamos gozar del mal gusto de cualquiera. No comprendo cómo alguien no puede darse cuenta de que es una verdadera monserga verse forzado a escuchar la pseudomúsica que alguien pone en su teléfono, más aún en una biblioteca (que parece ya no querer decir nada implícitamente). Los pseudoempleados que “laboran” en ellas en ocasiones (el que tenga oídos, que oiga) son los que llevan su radio “para pasar el tiempo”, porque como no están rodeados de un acervo valiosísimo, más vale no aburrirse, y, por supuesto, no dejar que se aburran los muchachos, que toman esos curiosos objetos empolvados de los anaqueles, los exprimen y los ven durante horas, así, ¿cómo ven? Pobres ilusos.
    En la biblioteca debería ser castigado, como diría Ignatius J. Reilly, con latigazos en las zonas erógenas, pero en cualquier espacio es igual de molesto. Yo no hago a nadie escuchar la música que me gusta.
   Por otro lado están los audífonos, contra los que no tengo ningún problema. Yo suelo estar igual de abstraído sin ellos. Lo odioso es escuchar lo que aquél, sentado a tres lugares de mí, está escuchando. La única ventaja en este caso es la satisfacción de saber que será castigado con la sordera.