Me gusta separar las tortillas. Es casi increíble que en
2012 (hasta suena raro decirlo así, no es como decir 1980) aún haya que hacer
esta antiquísima actividad para que no se peguen. Una por una y con cuidado,
las tomo tibias con las yemas de mis dedos y poco a poco se quiebra su
fraternal comunión. Sólo así se redescubre que las tortillas tienen haz y envés;
un lado cóncavo y otro convexo, aunque prácticamente no se note. Su dulce olor
a masa cocida se corresponde exactamente con su tierna textura. Separar
tortillas no es un “arte”, pero debe hacerse con cuidado, vigilando la
respiración para que el haz de una no se rompa al quedarse adherido al envés de
la siguiente. Siempre que se haga con la calma suficiente, permite que uno se
despegue del mundo y sólo piense en la delicada piel amarillenta de un taco de
aguacate.
Para quien
no tiene el honor, aprovecho para presentarle al contratenor Philippe
Jaroussky, junto con Christina Pluhar, directora del conjunto L’Arpeggiata. Va
una pieza hermosa anónima del siglo XVII (tomada de un libro anónimo milanés de
1657), en italiano, conocida como: “Ciaccona
di Paradiso, e dell’inferno”. La voz de los contratenores es muy especial,
para mi gusto es la más delicada, pues si no es perfecta, por la falta de
costumbre, rápidamente molesta. Sin embargo, el buen Philippe tiene la
maravillosa capacidad de conmover plenamente, con un fino sentido del humor. Por
otro lado, l conjunto L’Arpeggiata se dedica a realizar interpretaciones
históricas, y qué interpretaciones, son hermosísimas y profundamente
conmovedoras. Transcribo aquí la letra para el curioso escucha-lector. ¡Buen
provecho!
“Ciaccona di Paradiso e dell’inferno”
O che bel stare è stare in Paradiso
Dove si vive sempre in fest’e riso
Vedendosi di Dio svelato il viso
O che bel stare è star in Paradiso.
Ohimè che orribil star qui nell’inferno
Ove si vive in pianto e foco eterno
Senza veder mai Dio in sempiterno
Ahi, ahi, che orribil star giù nell’inferno.
Là non vi regna giel, vento, calore,
Che il tempo è temperato a tutte l’hore
Pioggia non v’è, tempesta, nè baleno,
Che il Ciel là sempre si vede sereno.
Il fuoco e ‘l ghiaccio là, o che stupore
Le brine, le tempeste, e il sommo ardore
Stanno in un loco tute l’intemperie
Si radunan laggiù, o che miserie.
Havrai insomma là quanto vorrai
E quanto non vorrai non haverai
E questo è quanto, o Musa, posso dire
Però fa pausa il canto e fin l’ardire.
Quel ch’aborrisce qua, là tutto havrai
Quel te diletta e piace mai havrai
E pieno d’ogni male tu sarai
Dispera tu d’uscirne mai, mai, mai!
O che bel stare è star in Paradiso
Dove si vive sempr’in fest’e riso
Vedendosi di Dio svelato il viso
O che bel stare é stare in Paradiso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario